3° Congreso Internacional de Literatura para Niños

11 y 12 de octubre 2012 / Primera edición binacional

Una jornada mágica y misteriosa

Por Miguel A. Silva
(Redactor / Inst. Sup. de Letras E. Mallea) 

 El jueves 11 de octubre de 2012 la Biblioteca Nacional se llenó de susurros. Susurros de las decenas de personas que fueron ingresando por sus puertas rumbo al Auditorio Jorge Luis Borges, y por los susurros que, a través de simpáticos  tubos de cartón de un metro de largo, las encargadas de recitar poesías de María Elena Walsh y Hugo Midón, les hipnotizaban los oídos a los que llegaban. Las actividades eran muchas, más de cuarenta ponencias el primer día, distribuidas en varias aulas del edificio. Las expectativas, también. Parte de esa ansiedad se vio colmada por regalos de la editorial La Bohemia. Folletos, programas, anotadores y láminas coloridas se repartían en bolsas de la editorial. Todo estaba listo para la apertura. Todo eran susurros.

Un auditorio colmado —con gente sentada en los pasillos—recibió a Valeria Sorín, organizadora del Congreso, que a su vez presentó la proyección de un video sobre los diferentes procesos de creación de un libro con figuras plegables y su pregunta hecha hacia todo el salón: ¿hay que preocuparse por que nuestros chicos no leen? Y su respuesta, de alguna manera tranquilizadora fue: “Nuestros chicos están bien. Están bien porque están con ustedes”. Ese ustedes se refería a la gran cantidad de docentes que habían venido al Congreso desde las más remotas provincias del país. Luego de eso fue presentado Roberto Igarza, que tiene tantos títulos y trayectoria como humildad para compartir sus conocimientos para una mejor educación. Después de disertar sobre la penetración avasallante de las nuevas tecnologías digitales en la sociedad, conversó con el público. Como telón de fondo un gigantesco dibujo de Liniers nos mostraba como sería la vida sin twiter: una nena ajena a todo hamacándose en una plaza alfombrada de verde. De todos modos Roberto Igarza recalcó que lo que está sucediendo son variantes de lectura social (teléfonos celulares, pantallas de computadoras, etc.) y no un reemplazo. Y una paradoja sustentada por estadísticas fiables: más pantallas hay, más aumenta el volumen de escritura y lectura. Todo terminó con un relato breve de Andrea Maggio — que estaba entre el público y que iba a disertar luego en la sala María Elena Walsh— llamado  “El amor en los tiempos de los mensajes de texto” coronado con risas y aplausos.

Allí se desplazó parte del Auditorio (otra parte se dirigiría hacia otras aulas). Andrea Maggio compartió la mesa con varias colegas: escritoras e investigadoras de literatura. Muy interesante fue la ponencia de Analía Otero en donde con un gran nivel académico, estudió cómo Silvina Ocampo modificó muchos de sus cuentos para transformarlos en textos para niños. Una tarea nada fácil si tenemos en cuenta que no solo hay una modificación sino una re significación en donde la muerte es un tema tabú en la literatura infantil. Hubo una frase aislada y llena de implicancias para todos los presentes: “A los grandes también le gustan los libros con bellas imágenes”. Toda una reflexión.

Después del mediodía se abrió la mesa “Literatura de tierra adentro”y allí también se escuchó una sentencia que abarcaba a chicos y grandes: ”La televisión es una medicación que utilizan tanto los niños como los adultos”.

Esta mesa, con la presencia de Paula Bombara, Graciela Bialet (en video-conferencia) y Ruth Haufman, estuvo signada por las propuestas y por el amor a la palabra escrita; propuestas como la de hacer las gestiones pertinentes para que la Biblioteca Nacional tenga un espacio para la literatura infantil y pasión por responder a la pregunta desvalorizadora hacia la literatura para niños que el común de la gente se hace: Trabajar por amor es casi como no trabajar, entonces, escribir para niños, ¿es casi como no escribir? Desde luego que no. Los buenos textos para niños son, las más de las veces, más difíciles de crear que las novelas para adultos. Ese orgullo se vio plasmado cuando se anunció  que la escritora argentina María Teresa Andruetto fue galardonada con el Premio Hans Christian Andersen, el más importante, a nivel mundial, de la literatura infantil.

Graciela Bialet nos regaló sus conocimientos a través de una transmisión vía web y nos brindó dos premisas valiosas: “Los libros son generosos, pero no caminan, hay que salir en su búsqueda” y “Al igual que el amor, leer no es sencillo”, a lo que se puede acotar, “pero el placer recibido es impagable”. Luego de unas reflexiones agudas y sentidas de Paula Bombaria sobre la palabra reparar, Graciela cerró la clase magistral con una ilustrativa analogía entre la mala y buena literatura, en el que el jamón hipersalado que uno acostumbra a comer sería la mala literatura y el buen jamón serrano, su antítesis. Palabras que a esa hora de la tarde invitaban a comer algún refrigerio para llegar con fuerzas a todo lo que faltaba, y que era mucho.

Una jornada extremadamente rica en conceptos y propuestas, tanto de los oradores como del público. Una jornada que se extenderá por un día más. Un día más para seguir adentrándonos en ese universo tan complejo como es el de los niños.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 16/10/2012 por en cronicas, Edición Buenos Aires 2012, Programación.

Acerca del Congreso

A %d blogueros les gusta esto: